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LA FUNDAMENTACIÓN DE LA DEFENSA DE LOS INDIOS EN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.

 
 


Jesús Luis Castillo Vegas
( Universidad de Valladolid )

 

   

1. El defensor de los indios:

 
 


La figura de Bartolomé de Las Casas tiene un especial protagonismo en la interpretación de la conquista, colonización, evangelización, encuentro o -según la propia terminología lascasiana- "destruición" de las Indias. Estamos ante un pensador clásico en el doble sentido de ser un autor cuya lectura nos resulta vital para interpretar su propio tiempo, para conocer aquello que pasó en "la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió" 1 y a la vez un autor que podemos leer a la luz de los problemas actuales, muchos de los cuales son problemas de siempre, como es el del encuentro -o desencuentro- entre culturas enfrentadas, el problema de la llamada "intervención bélica humanitaria" o el de los derechos que deben ser reconocidos a las minorías 2.

Cuando se intenta hacer una valoración sobre la actividad y la obra de Las Casas, y en este autor resulta totalmente imposible separar la teoría de la práctica, surgen distintas cuestiones que no están todavía plenamente resueltas. En realidad sobre Las Casas se discute todo. Se cuestiona su origen (se ha afirmado que su familia procedía de mercaderes franceses, o portugueses, o que sus padres eran "cristianos nuevos"); se pone en cuestión su integridad psíquica (Menéndez Pidal se lo plantea en su obra sobre Las Casas 3); se discute su lealtad a la Corona y asimismo su ortodoxia con respecto a la Iglesia. A nivel intelectual se ha especulado sobre su pertenencia a la Escuela teológica salmantina (que defiende Luciano Pereña) así como sobre la originalidad de su pensamiento (que sostiene Pérez Luño y que rechazaba Venancio Carro). Todo en Las Casas resulta polémico. Su obra extensa, compleja, con numerosas citas, autoridades, matices y reelaboraciones, permiten esas múltiples interpretaciones. Bartolomé de las Casas ha pasado a la historia para unos con el honroso título de Defensor de los indios y para los antilascasianos como el iniciador de la Leyenda Negra.

Por nuestra parte no estamos en condiciones de mediar entre las posturas de los especialistas ni tampoco de aportar nuevos datos biográficos o doctrinales sino únicamente de recordar, de volver a poner de nuevo sobre el tapete, la posición del Padre Las Casas y tratar de aclarar en la posible cuál fue el pensamiento filosófico-jurídico desde el que defendió a los indios americanos y desde el que criticó con tanto ardor y energía la tesis de su esclavitud natural.

Bartolomé de Las Casas nace en Sevilla en 1484 y muere en Madrid en 1566, o sea que su vida se desenvuelve pareja a la conquista de América de la que será un testigo de primera mano. Cuando Las Casas tiene nueve años ve en Sevilla a Cristóbal Colón y cuando cumple quince años su padre, Pedro de Las Casas, le entrega un indio que Colón le había dado como esclavo por acompañarle en el segundo viaje del Almirante a América. En 1502 con dieciocho años hace Las Casas su primer viaje a América de los muchos que le seguirán 4. En un principio participa de la conquista sirviendo bajo las órdenes de Nicolás de Ovando contra los indios rebeldes de Xaraguá y recibe indios como recompensa por sus trabajos. Cuando llega a América por primera vez los indios caribes ya han sido prácticamente exterminados y la mortandad entre los indios de otras tribus es altísima, aunque no solo por la muerte directa a manos de los conquistadores, sino en mayor medida como consecuencia de los trabajos forzados y de manera notable por las enfermedades que los europeos llevan consigo 5.

En 1507 se ordena sacerdote, probablemente en Roma. En 1514 sufre una "primera conversión" fruto del contraste entre su condición religiosa y la realidad de pillaje que vive de nuevo ya en América. Sin duda estuvo también influido por el impacto provocado por el sermón de fray Antón de Montesinos en 1511 6 donde se denunciaban por primera vez las encomiendas y el trato dado a los indios. En 1522, en lo que se ha llamado su "segunda conversión", una nueva actitud le llevará a hacerse dominico y a dedicar su vida a la defensa de los indios. Renunciará públicamente a sus esclavos y comienza una larga lista de actuaciones, memoriales e informes para mejorar el trato dado a los indios. Presentará esas gestiones ante Fernando el Católico, Cisneros, Carlos V y Felipe II con un cierto éxito teórico pues se elaboran las famosas leyes de Indias de 1542 pero con poco éxito práctico puesto que no logrará que se apliquen correctamente. En reconocimiento a su labor será nombrado primero por el Cardenal Cisneros como Protector de los indios y más tarde obispo de Chiapas en México. La vida de las Casas está marcada por una actividad incansable en la defensa de los indios. Viajó más que Marco Polo, recorrió más de 20.000 leguas, las tres cuartas partes de ellas de viaje "marino". Fue un hombre que se tomó la vida muy en serio, según uno de sus biógrafos sin sentido del humor, preocupado por la salvación de su alma y de la de todos los que le rodeaban 7.

De su prolífica obra, con unos trescientos setenta escritos, 8 nos interesa destacar ahora algunos títulos especialmente significativos por su trascendencia histórica y teórica. Es autor de la extensa Historia de las Indias así como de su Brevísima relación de la destruición de las Indias donde se denuncian los atropellos llevados a cabo durante la conquista 9; Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, de los Principios de los que se ha de partir en defensa de los indios y del Tratado sobre los indios que se han hecho esclavos todos ellos dedicados a lo que será la gran orientación de su vida, la defensa de los indios. Nos interesa destacar asimismo, su Apología 10, que fue escrita contra las tesis de Ginés de Sepúlveda, y donde se resume su argumentación en la famosa Controversia de Valladolid de que luego hablaremos.

En las obras de Las Casas encontramos siempre unos pocos temas que son avalados con toda clase de argumentos: teológicos, jurídicos, filosóficos o históricos. Esos temas son: la denuncia de las encomiendas, la ilicitud de la conquista americana, la necesidad de una evangelización pacífica y la obligación de restituir la propiedad a los indios.

Hay que tener en cuenta las diversas "conversiones intelectuales" que experimentó Las Casas, más numerosas que las conversiones vitales a que se refieren sus biógrafos. Las Casas defendió desde su conversión la libertad de los indios, pero no siempre lo hizo con las mismas razones y no mantuvo siempre el mismo concepto de libertad. Tras su primera conversión, en 1514, Las Casas defiende a los indios "porque son españoles". Esto es, denuncia los abusos, los atropellos, pero no los "usos" en el sentido orteguiano que nos permite afirmar que todavía no es un "revolucionario". "Hasta entonces era el hombre que, instintivamente, se limitaba a seguir las directrices marcadas por el padre Córdoba, que condenaba las extralimitaciones de los encomenderos, sin ocuparse de la licitud del sometimiento de los naturales, ni de los demás problemas doctrinales que permitirían el desarrollo pleno de una línea política de libertad congruente" 11.

Fray Pedro de Córdoba era entonces el vicario de los dominicos y había conocido de primera mano los atropellos que se cometían contra los indios en la isla de Santo Domingo. Cuando en 1522 Las Casas se hace dominico es probable que fuera incorporando nuevos razonamientos a favor de los indios como el de su inocencia natural o su condición de infieles que desconocen el cristianismo sin culpa alguna. El propio Las Casas en su Historia de las Indias recoge el comentario del general de los dominicos, Tomás de Vío (1469-1534) cuando de boca del padre Jerónimo de Peñafiel oye los atropellos llevados a cabo en las Indias y el cardenal dice que su rey estaría en el infierno por consentir tan inhumanas injusticias. Todo esto se lo refirió Jerónimo de Peñafiel, prior de San Pablo, a Las Casas en 1517 12. Para el cardenal Cayetano los indios entrarían en la categoría de infieles a los que no se podía hacer legítimamente la guerra. En su Historia de las Indias, que se publicó en 1552, pero que comenzó a escribirla mucho antes, aparecería según Pérez Luño un concepto de libertad medieval, teológica, agustiniana, providencialista, donde el hombre está en manos de la voluntad divina y queda poco espacio para la libertad humana. Las cosas suceden porque así lo ha querido Dios. Dios ha elegido al Almirante para descubrir el mundo. No hay sitio para el azar.

Pero Las Casas, después de hacerse dominico, conocerá progresivamente la doctrina de Santo Tomás y de Francisco de Vitoria y su concepto de libertad será cada vez más racionalista hasta hacer de la misma una característica esencial de todo hombre. Citando expresamente a Santo Tomás afirma Las Casas que la libertad es un derecho natural "porque la libertad es un derecho ínsito en el hombre por necesidad y ´per se´, como consecuencia de la naturaleza racional y, por ello, es de derecho natural" 13. Todos los hombres tienen la misma naturaleza, la misma idéntica libertad. Por Derecho natural todos los hombres son libres "comoquiera que los hombres todos al principio nasciesen y fuesen libres" 14. Al ser la libertad un derecho natural es imposible perderlo. Los indios no pueden renunciar a la libertad. Ni puede haber razón alguna para someterles a esclavitud. Todos los hombres tienen entendimiento y voluntad, todos tienen los mismos cinco sentidos y todos son capaces de desear el bien y aborrecer el mal. La esclavitud no es algo "natural" sino convencional, artificial, introducido por los avatares históricos. Por ello la libertad es el estado normal del hombre y si alguien es esclavo habrá que probar que lo es. "Si no se prueba lo contrario, hay que suponer que todo hombre es libre" 15. Las Casas va a criticar la peculiar fórmula de esclavitud a que han sido sometidos los indios. Denuncia el régimen de encomiendas y repartimientos llevado a cabo por los conquistadores 16.

Colón trajo a España indios que pretendió vender como esclavos, provocando la reacción de la reina Isabel que mandó que fuesen liberados. La esclavitud era entonces una institución aceptada tanto en Europa, donde había sobre todo esclavos capturados en las guerras contra los musulmanes, como en América donde también existía la esclavitud antes de la llegada de Colón. Los indios de América no fueron sin más esclavizados. El número de indios esclavos en sentido jurídico será muy reducido. Cuando en las Leyes de Indias de 20 de noviembre de 1542 se prohíba la esclavitud de los indios y se mande liberar a los indios esclavos, apenas se encontrarán, según Jean Dumont, en todo México 3.000 indios esclavos 17. Ahora bien, como la conquista se hizo con particulares y no con el ejército regular (que estaba en Italia, en Flandes, etc.), para recompensar a los conquistadores se establecerán las "encomiendas" que, de hecho, se convertirán en instituciones de servidumbre. La institución suponía que los indios eran encomendados a "honrados" españoles para su adecuada cristianización, pero en la práctica iba unida a los repartimientos de indios y suponía un sistema de trabajo forzado, sin remuneración, ya que el encomendero tenía derecho al cobro de los tributos que los indios debían al fisco real, tributos que se cobraban en su mayoría con trabajo. Los indios eran obligados a convivir con los españoles y a trabajar para éstos. Las Leyes de Indias de 1542 prohibieron la creación de nuevas encomiendas pero admitían las ya existentes mientras vivieran sus titulares.

No se puede alegar como hacían los encomenderos que la esclavitud ya existía en América y que los indios también tenían esclavos o que les fueron entregados algunos de ellos por sus propios jefes. Las Casas insiste en que la esclavitud tenía entre los indios un significado muy diferente, que el esclavo indio era una especie de criado pero con su propia vivienda, familia, propiedad, etc. Los españoles habrían cambiado las condiciones reales de esos esclavos.

Las Casas adoptará una posición inequívoca sobre este tema. Pedirá una y otra vez la supresión de las encomiendas. Apela a la condición de "súbditos" de los propios indios. En el Octavo remedio , presentado al rey en 1542, pedía la supresión total de las encomiendas y la incorporación directa de los indios a la Corona como súbditos del rey español. En este caso defiende a los indios afirmando que son "españoles", que son súbditos de su majestad, y que deben ser gobernados directamente por él y no mediante otros "señores interpuestos" lo que es un planteamiento coherente con la pretensión de concentrar el poder propia del Estado moderno 18. Las encomiendas eran un sistema feudal de señorío que se trasplanta a América y que suponía una "privatización" del poder político. El encomendero ejercía funciones públicas, como el cobro de impuestos, que al realizarse a menudo en forma de trabajo personal permitía el enriquecimiento de los encomenderos. De hecho intentaron comprar la perpetuidad de tales encomiendas, que eran temporales, por grandes sumas. En su lucha contra las encomiendas, Las Casas defenderá el carácter público, inalienable del poder político. Aboga porque el rey ponga e incorpore en la corona real de Castilla y León a los indios "como súbditos y vasallos libres que son, y ningunos estén encomendados a cristianos españoles" 19. La conversión de las encomiendas en perpetuas supondría la destrucción total de los indios además de dificultar su evangelización. Denuncia que los encomenderos se oponen a que los indios sean adoctrinados porque ello les estorba para su explotación económica 20. Y añade Las Casas contra quienes quieren convertir las encomiendas en perpetuas: "pues es manifiesto que aquéllos que compran aquellos reinos no tienen los millones que prometen, sino que los han de sacar de los cueros y vidas de los indios, y en ellos los han de matar" 21.

   


2. La Controversia de Valladolid:

 
 


Hay un hecho fundamental en la vida de Las Casas y es la Controversia que mantuvo en Valladolid con Juan Ginés de Sepúlveda en los años de 1550-51 22. En 1542 vive en el convento vallisoletano de San Pablo y después en el colegio de San Gregorio y es allí donde se celebra en 1550 el famoso debate con Sepúlveda 22b. El principal asunto de discusión no era sobre la esclavitud como tal, sino sobre si los indios eran esclavos "por naturaleza".

La polémica entre Las Casas y Sepúlveda es sólo el punto culminante de un debate que se vivía en la sociedad española con mucha intensidad durante las décadas precedentes 23. La "duda indiana" de Carlos V había sido avivada por no pocos informes, relaciones y memoriales que se mandaron a la corte denunciando algunos de los hechos llevados a cabo por los conquistadores. Y también las universidades participaron en la polémica. Entre los profesores universitarios que se ocuparon de estos asuntos ocupan un lugar muy destacado Francisco de Vitoria y Domingo de Soto. Los dominicos de la Escuela de Salamanca, la mayoría al menos, piensan que la conquista se ha llevado a cabo de manera injusta, que las condiciones para los "títulos justos" no se han dado. Pero, de hecho, España ya se ha apoderado de buena parte de América y ninguno de ellos propone que los españoles la abandonen. Tal vez Vitoria estaría más cerca de justificar una colonización al modo de los portugueses con establecimientos comerciales pero dejando libertad a los indios. Se podría crear una especie de confederación de pueblos libres, todos ellos bajo la protección del monarca español, pero con indios libres y propietarios, con su propia y peculiar administración y legislación, etc. Como es sabido Carlos V mandará recoger los manuscritos vitorianos y los apuntes de sus alumnos en 1539 molesto con las críticas de Vitoria, sobre todo con las hechas al título de la donación papal. Otro dominico, profesor de la Universidad de Valladolid, Matías de Paz también considera que no se puede hacer guerra justa contra los indios infieles para someterles o despojarles aunque sí para predicarles la fe si se resistieren a dicha predicación 24. Estos autores influyen en Las Casas aunque él terminará por elaborar su propia posición.

El contendiente de Las Casas será Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) 25 quien defenderá que los indios son siervos por naturaleza. La idea no era suya sino que venía respaldada por algunos profesores escotistas de la Universidad de París como Juan Mayor. Este escocés había sostenido, en su libro In primum et secundum Sententiarum , de 1510, apelando a Ptolomeo y a Duns Escoto, que al otro lado del ecuador vivían pueblos salvajes y "que el primero que ocupe esas tierras puede, con pleno derecho, someter a los pueblos que habiten en ellas, puesto que son siervos por naturaleza" 26. Y tampoco carecía por completo de base en la doctrina vitoriana, pues el octavo título, aunque dudoso, se refería a esta tutela sobre los indios "amentes". Sepúlveda había escrito, antes de la polémica con Las Casas, una obra defendiendo la guerra contra los turcos, Exhortación a la guerra contra el turco, en 1530, y otra sobre la conciliación de la guerra con el cristianismo, Demócrates primus, o de la conformidad de la milicia con la religión cristiana , de 1535, que rechazaba la objeción de conciencia de los estudiantes españoles del Colegio de San Clemente de Bolonia donde él había estudiado. Pero la obra clave de esta polémica la escribe Sepúlveda, posiblemente a instancias de Hernán Cortés 27, y es su Demócrates alter o de las jus tas causas de la guerra contra los indios de 1544. Es aquí donde se recogen las tesis que utilizará contra Las Casas en la controversia de Valladolid.

En el Democrates alter se lleva a cabo una justificación de la conquista de América alegando la incapacidad de los indios para dotarse de un gobierno político. Según Sepúlveda por Derecho de gentes el vencedor en la guerra justa tiene derecho a apoderarse de los vencidos y de sus bienes. Dice Sepúlveda: "Hay además otras causas que justifican las guerras, no de tanta aplicación ni tan frecuentes; no obstante, son tenidas por muy justas y se fundan en el Derecho natural y divino. Una de ellas, la más aplicable a esos bárbaros llamados vulgarmente Indios, de cuya defensa pareces haberte encargado, es la siguiente: que aquellos cuya condición natural es tal que deban obedecer a otros, si rehúsan su imperio y no queda otro recurso, sean dominados por las armas; pues tal guerra es justa según opinión de los más eminentes filósofos" 28. Para Sepúlveda los indios por su condición natural, por ser bárbaros, deben obedecer a los españoles lo cual les beneficia a ellos mismos. La guerra es necesaria también para una más cómoda evangelización de los indios.

En su argumentación insistirá en que muchos indios son idólatras, caníbales, que se hacen la guerra para conseguir prisioneros que satisfagan su hambre de carne humana. Sepúlveda encuentra un aliado en la obra de Alfonso de Castro, su De iusta haereticorum punitione de 1547, donde se defendía la licitud de la guerra contra la idolatría. Argumenta que también Vitoria y el cardenal Cayetano (Tommasso de Vío) habían justificado la licitud de la guerra para asegurar la predicación evangélica. Para Sepúlveda hay que garantizar que los misioneros no serán asesinados.

Las Casas resumirá en cuatro los argumentos de Sepúlveda para justificar la licitud de la guerra hecha a los indios. Se trataría de una guerra justa: 1) por la gravedad de los pecados de los indios, tales como la realización de sacrificios humanos y la antropofagia, 2) para salvar a las víctimas inocentes de tales prácticas, 3) porque así resultaría más fácil su evangelización y 4) sobre todo porque los indios eran "siervos por naturaleza" en la conocida doctrina aristotélica. Los indios entraban dentro de la categoría aristotélica de "bárbaros" y como tales podían ser considerados como esclavos por naturaleza ( servi a natura ) 29. Para Sepúlveda los españoles no sólo tenían derecho a estar en América sino también un auténtico deber, el propio de los pueblos civilizados a extender la razón a los pueblos bárbaros.

La defensa de las Casas durante la Controversia vallisoletana no consiste en presentar otra teoría diferente sobre la guerra justa 30 sino que su línea de defensa se centrará en negar que esa teoría sea aplicable a los indios. La guerra por la que los indios han sido reducidos a esclavitud es injusta. El príncipe no tenía autoridad legítima para declararla. No cuestiona la teoría de la guerra justa como tal, ni la consecuencia aceptada en su tiempo, de que los vencidos en ella quedaban sujetos a esclavitud, sino la concreta guerra realizada contra los indios. Es un enfrentamiento sobre la valoración de los hechos más que sobre el derecho aplicable. Pero, finalizada la Controversia, al elaborar sus conclusiones se verá obligado a distanciarse de algunas tesis de la escuela vitoriana.

Veamos en concreto las réplicas de Las Casas contra la "guerra justa" de Sepúlveda. En su defensa contra la primera tesis, la existencia de vicios como la idolatría o los sacrificios humanos, Las Casas argumenta la falta de jurisdicción de los españoles y de la propia Iglesia para castigar esas conductas. Esos sacrificios no deberían en ningún caso ser castigados por los españoles ni por la Iglesia sino por Dios 31 . Niega la jurisdicción de los españoles para castigar tales crímenes aunque fueran contra la ley natural 32. No es competencia de la Iglesia el suprimir por la fuerza el culto de los ídolos porque los indios no son súbditos suyos 33.

La segunda tesis, la existencia de víctimas inocentes de tales vicios es contestada por Las Casas insistiendo en que los españoles han muerto muchas más personas en su conquista que los indios en sus sacrificios. Apunta que esas prácticas no estaban vigentes entre todos los indios. Cita frases evangélicas para manifestar la dificultad de diferenciar entre los inocentes y los culpables 34 pues también algunos de los así sacrificados podían ser justamente castigados conforme a sus leyes. Pero en todo caso no podemos hacerles guerra justa por este motivo porque para salvar a unos pocos inocentes - los sacrificados en los ritos- se matarían a muchos otros con tales guerras 35. Y finalmente cree Las Casas que el intentar suprimir esos ritos con medios violentos generará un enorme resentimiento contra la religión cristiana que hará imposible su conversión 36.

Con todo, el núcleo del debate se centró en la pretendida esclavitud por naturaleza de los indios. Según Sepúlveda aquellas gentes son bárbaras, "llenos de vicios, crueles y de tal índole que su naturaleza aconseja que sean gobernados por otros" 37. La argumentación de Las Casas se ocupará en diferenciar los distintos significados del término "bárbaro" y probar luego que en ninguno de ellos cabe encajar a los indios. Son cuatro los sentidos que identifica Las Casas:

1º. Se puede entender por "bárbaros", en sentido amplio, a aquellos que son "crueles, inhumanos", pero si nos fijamos en esta acepción sería más fácil aplicársela a los españoles que a los indios a causa de las atrocidades de la conquista 38.

2º. Por "bárbaros" se significa también, y este era su sentido etimológico, a aquellos que hablan un idioma diferente al nuestro o que carecen de lengua escrita. Pero los indios no carecían de letras, tenían sus propios idiomas y no cabe llamarles bárbaros por no conocer el nuestro ya que tampoco los españoles conocían los suyos.

3º. El tercer sentido de bárbaros, en sentido propio y absoluto, comprende a los hombres de pésimo instinto, crueles, feroces, carentes de razón, "que no se gobiernan por leyes ni derecho y no cultivan la amistad ni el estado ni tienen una sociedad política razonablemente constituida" 39 y que por ello merecen más el apelativo de bestias salvajes que el de hombres. De éstos sí se podría decir invocando a Aristóteles que son siervos por naturaleza, que están destinados por la naturaleza a obedecer, y que es mejor para ellos que sean regidos por otros, pues para todos es mejor someterse a la razón y, si carecen de razón propia, deben someterse a la tutela ajena 40.

Las Casas lo que niega es que los indios pertenezcan a este grupo puesto que son seres racionales, tienen sus propios reyes y jefes, sus propias leyes y costumbres 41. No son bestias que se puedan cazar, ni carecen por completo de razón, ni están privados de facultades intelectuales, ni son necios. Según Las Casas este tipo de bárbaros del que habla Aristóteles sólo puede darse en algún caso aislado, ya que la naturaleza no puede equivocarse en mucho y nunca puede haber un pueblo entero de esta clase. Y mucho menos admite Las Casas que pueda haber toda una región de pueblos en este género de barbarie 42. En caso de que realmente existiera un pueblo así, lo procedente no sería cazarlos como a fieras salvajes sino atraerlos pacíficamente a una vida racional y ordenada. "Por tanto, aunque el filósofo, desconocedor de la verdad y del amor cristianos, escriba que los sabios pueden cazar a los bárbaros igual que a fieras, que nadie entienda que hay que matar a los bárbaros y oprimirlos con trabajos injustos, crueles, duros y rigurosos como a jumentos y que pueden ser capturados por hombres más inteligentes con ese fin" 43. De existir esos bárbaros no dejarían de ser criaturas de Dios y como tales seres redimidos y hermanos nuestros.

4º. En cuanto al cuarto significado de "bárbaros" sería el de aquellos que no son cristianos, en el sentido de que la falta de conocimiento de la ley revelada provocaría la práctica de costumbres depravadas y otras deficiencias morales. Claro que este tipo de barbarie no proporciona excusa alguna para hacerles la guerra sino para predicarles el Evangelio pacíficamente. "En cambio, la guerra no es un medio apto para la difusión de la gloria de Cristo ni de la verdad evangélica, sino más bien para hacer odioso y abominable el nombre de cristiano a los que sufren las desgracias de la guerra. Por tanto, la guerra contra los indios, que vulgarmente llamamos ´conquista´ es impía y anticristiana de por sí. Pues no hay motivo para hacerles la guerra, ni nunca en tiempos pasados cometieron contra nosotros un delito digno de la guerra, y menos porque ellos eran desconocidos en nuestros territorios" 44. No se conseguirá la salvación de los indios matándoles.

Este es el asunto al que Las Casas dedica más páginas y más entusiasmo, a saber, el del modo correcto de llevar a cabo la predicación. Apoyándose en algunas tesis de San Agustín durante la Edad Media se había defendido la licitud del empleo de la fuerza para la predicación de la fe. Las Casas sostiene que la extensión de la fe debe llevarse a cabo, como desarrolla en su obra De unico vocationis modo , mediante la persuasión y no por la violencia. "Luego, la criatura racional debe ser llevada a la fe y a la religión cristiana dulcemente, con blandura y suavidad, de manera que espontáneamente y con voluntad de libre albedrío y con disposición natural, oiga, acepte, crea y reciba cuanto de relativo a la fe y a la religión se le anuncia" 45. Los indios eran lo suficientemente razonables como para comprender la fe por lo que se les debía persuadir, convencer y no forzar a ella. Nadie puede creer, dice Las Casas, sino queriendo. "Por eso, sería sacrílego y estúpido hacer la guerra contra los infieles para que escuchen el Evangelio, cuando de ello surgiría odio de la religión más bien que provecho para la fe" 46.

En su defensa de la pacificación, como labor previa a la predicación, Sepúlveda se había apoyado en algunas ideas de Vitoria. Según Vitoria los indios no tienen la obligación de aceptar la religión que se les propone, pero sí la de permitir su predicación. Vitoria considera un título legítimo para la intervención el que se impidiera violentamente la predicación del evangelio o la conversión de los infieles. Si un príncipe infiel impidiera por la fuerza la predicación se estaría comportando como un tirano y el Papa podría encargar a un príncipe cristiano que la llevara a cabo suprimiendo los obstáculos a la predicación también por la fuerza. Se trataría de una intervención para suprimir las causas que impiden la predicación del Evangelio, y en ningún caso de una excusa para apropiarse de sus bienes o para suprimir sus jurisdicciones.

Sin embargo, Las Casas no cree que este título sea aplicable al caso de los indios, porque el impedir la evangelización matando por ejemplo a los predicadores debe ser hecho, para que sea causa de guerra, con malicia, como lo hacen los turcos y los moros, pero no es éste el caso de los indios. "Por tanto, afirmar que los indios pueden ser combatidos en guerra supera todo estupor y demuestra una lamentable ignorancia, aunque maten a doscientos mil predicadores y aunque mataran al mismo apóstol San Pablo y a los demás apóstoles de Cristo que les evangelizaran" 47. El hacerles la guerra antes de que se conviertan es indisponer a los indios en contra de la religión y de los cristianos. Los indios por su naturaleza pacífica y mansa son especialmente aptos para recibir el Evangelio 48. No se niegan a ser evangelizados sino robados y esclavizados. Por ello aunque se pudieran aducir razones legítimas para hacer la guerra (si los soberanos impiden maliciosamente la predicación) Las Casas no las cree nunca convenientes sino contraproducentes en el caso de los indios. Las Casas se aparta además de Vitoria al señalar que si los que impiden la predicación son tanto el soberano como sus súbditos entonces no se les puede en modo alguno forzar a recibirla 49. Los misioneros deben predicar sin los soldados y confiar en el buen resultado de sus palabras y ejemplos. Pregunta retóricamente: "¿Qué tiene que ver el Evangelio con las bombardas?" 50. A lo sumo admite que cuando no haya garantías de seguridad se construyan algunas fortificaciones para proteger desde allí a quienes predican pacíficamente el Evangelio 51.

Los indios han sido privados de su libertad pero también de su propiedad. Las Casas no solo pide que sea abolida la esclavitud sino que se les devuelvan las tierras a los indios. Dios concedió la naturaleza en común a todos los hombres, sin excluir a ninguna raza. "Las Casas considera el derecho de propiedad como una facultad común a todos los hombres y, por tanto, también a los infieles" 52. Los indios "aunque no hayan abrazado la fe, no por eso debe privárseles de libertad, posesión y propiedad de las cosas que la naturaleza les concedió, sino que, muy al contrario, es lícito que puedan usarlas y disfrutarlas" 53. Esta exigencia pone en cuestión la legitimidad de toda la conquista. La conquista de América habría supuesto un atentado contra la ley natural, habría violado la libertad y también la propiedad de los indios. "Todos los bienes que todos los conquistadores en todas las Indias tienen, todos son robados y por violencias enormísimas y gravísimas habidos, y tomados a sus proprios dueños y naturales proprietarios y poseedores que eran los indios" 54. Las tierras americanas no eran res nullius , no eran bienes vacantes, sino que tenían legítimo dueño.

En las obras de Las Casas encontramos un apoyo claro a la denuncia de los falsos títulos alegados para justificar la conquista que Vitoria expone en las relecciones :

1º. No es cierto que el Emperador sea el dueño del mundo 55. "Hay quienes afirman que el césar romano era señor del mundo de derecho, aunque no de hecho, pero es muy estúpido que sostengan esta opinión, porque no la pueden probar con argumentos sólidos y es claramente falsa" 56. No se puede extender la soberanía del emperador, que es un título histórico y concreto, a las nuevas tierras descubiertas.

2º. También es falso el título de los que sostienen que el Papa tiene un poder temporal que se extiende a todo el mundo y puede legítimamente conceder una parte de él al rey de España 57. La jurisdicción del Papa no puede ser sino espiritual y sólo mediatamente puede afectar a las cosas temporales pero no es el dueño del mundo. Los Papas concedieron sólo una misión espiritual a los monarcas españoles, les confiaron la evangelización de las Indias y no su propiedad.

3º. El descubrimiento tampoco da derecho a nada porque no se trata de tierras vacantes sino con dueños legítimos 58.

4º. La resistencia de los indios a recibir la fe tampoco puede ser una causa legítima habida cuenta de que lo que resistían los indios eran a quienes les robaban y mataban. Los indios no se oponen a la fe sino a los encomenderos que les esclavizan.

5º. Rechaza también el título de que los pecados de idolatría y antropofagia justifiquen la conquista. En primer lugar no todos los indios son caníbales pero además es que los pecados no nos privan de nuestro derecho de propiedad y del derecho a gobernarnos con nuestros propios jefes. Son además pecados que desaparecerán con la predicación de la fe.

6º. Tampoco se puede admitir que los indios hayan ya de hecho aceptado la soberanía del rey de España. Se ha producido una relación de conquista, de imposición y no consentida. No bastaría tampoco el consentimiento del príncipe pues éste no puede entregar el poder de todo el pueblo y mucho menos los bienes de sus súbditos.

7º. Tampoco es de recibo alegar un pretendido don especial de Dios a los Reyes Católicos (del mismo modo que Dios había entregado la Tierra Prometida a los judíos). Iría en contra del Derecho natural que reconoce el derecho de todo pueblo a dotarse de autoridades propias. Antes bien por Derecho natural todo pueblo tiene derecho a elegir a sus gobernantes. Tener gobernantes es una exigencia de Derecho natural. Cualquier otro poder no basado en el consentimiento es tiránico y podría ser resistido por el pueblo 59.

Ahora bien, la defensa que Las Casas hace de los indios no podía llegar tan lejos que negara por completo el derecho de los españoles a estar en América, que cuestionara el derecho de jurisdicción de los monarcas y su derecho a cobrar impuestos. Pero también sobre este punto el pensamiento de Las Casas se irá radicalizando. Tras su primera conversión, en 1514 y hasta su vuelta definitiva en 1547 participó en diversas iniciativas para llevar españoles a América. Realizó al menos tres proyectos de repoblación con españoles, de colonización pacífica mediante campesinos castellanos además de su constante trabajo por enviar misioneros españoles para evangelizar a los indios. Las Casas admite la colonización siempre que sea pacífica y que se lleve a cabo sobre tierras que no estén pobladas por los indios. Pero de sus primeras críticas contra las actuaciones concretas de los encomenderos terminará defendiendo al final de su vida la salida de la mayoría de los españoles de América, aparte de los misioneros y de unos pocos cientos de soldados que defiendan la soberanía "superior" de los reyes sobre los propios gobernantes indios.

Los cristianos tienen derecho a predicar la fe, a predicar aquello en que creen, lo que para los católicos es incluso una exigencia evangélica: "id y predicad a todos los pueblos" 60. La fe no deja de ser para él el bien más valioso que se puede transmitir a los indios. El Papa no tiene jurisdicción sobre los bienes de los indios pero puede encomendar a un monarca, como lo hizo Alejandro VI con los Reyes Católicos, para que de manera exclusiva se ocupe de la predicación en esas tierras 61. Se ha dicho así que Las Casas aduce en realidad una argumentación más "medieval" que la justificada por Vitoria en sus títulos justos ya que se aferra a la autoridad del Papa para legitimar la presencia española en América. Los indios son seres racionales, sujetos de los mismos derechos que los españoles, pero el Papa puede y lo ha hecho con sus bulas, confiar su pacífica evangelización a los Reyes de España. Sus derechos sobre las Indias se derivan de la función evangelizadora confiada por los Papas por lo que carecen de jurisdicción para hacer guerra a los indios. Las Casas confía en que los indios después que sean bautizados se someterán voluntariamente al Rey de Castilla "de quien han recibido un beneficio tan valioso, como su soberano y emperador supremo, pero quedando siempre a salvo los derechos de sus señores naturales" 62. Se imagina una especie de emperador medieval que tiene bajo su dominio a otros reyes y gobernantes inferiores. Precisamente por ello el monarca español debe devolverles la jurisdicción que les ha sido arrebatada por los conquistadores y "sacar los indios del poderío del diablo y ponerlos en prístina libertad, y a sus reyes y señores naturales restituirles sus estados" 63.

Las Casas no cree que se hayan dado de hecho las condiciones exigidas para invocar los títulos legítimos aducidos por Vitoria (voluntad del consentimiento, información por parte de los indios, etc.) por lo que denuncia en conjunto el proceso de conquista y en los escritos a partir de 1551 propone en la práctica el abandono de América. Denuncia los matrimonios interraciales que había apoyado en sus memoriales de 1516 y deja sólo una presencia testimonial de españoles en América (300 soldados de guarnición en México y 500 en Perú) 64. Exige el fin de la conquista y "la restitución de los bienes impíamente arrebatados" 65. Cree que la evangelización de América se puede llevar a cabo sólo con religiosos, sin soldados.

En cuanto al resultado de la controversia de Valladolid hay que decir que su valoración final sigue formando parte del permanente debate entre lascasianos y antilascasianos. Las Casas comenzó su exposición en Valladolid leyendo durante 5 días seguidos su Apología . Dejó a los jueces deshechos y se suspendió la primera sesión del verano de 1550 hasta la primavera de 1551. Las Casas tenía a su favor un conocimiento de los indios de primera mano ya que permaneció en América casi cincuenta años, mientras que Sepúlveda se vio obligado a utilizar las referencias de Gonzalo Fernández de Oviedo que había escrito una Historia general y natural de las Indias y a quien Las Casas denuncia como parcial por haber tenido indios en esclavitud 66. Los dominicos Melchor Cano, Domingo de Soto y Bartolomé Carranza fueron los más favorables a Las Casas en su Controversia.

En defensa de Sepúlveda hay que decir que Las Casas fuerza a veces las doctrinas de Sepúlveda. Por ejemplo Sepúlveda no defendió que los indios fueron esclavos para siempre, sino que su estado de barbarie actual les situaba bajo dependencia de los españoles hasta que abandonaran el mismo y no que fuera algo congénito a su raza o región. Sepúlveda no defiende que haya razas superiores, sino culturas superiores, culturas éstas que se pueden enseñar y transmitir a todo el mundo. Sepúlveda decía que efectivamente se podía hacer la guerra a los bárbaros para someterlos a nuestro mandato pero no que debieran ser reducidos a la esclavitud, ni privados de sus bienes. Los indios tenían su razón disminuida y necesitaban la tutela de los españoles. Había que arrancarles sus costumbres paganas pero no esclavizarles. Por ejemplo Sepúlveda tampoco dice que se pueda hacer la guerra a los indios para obligarles a abrazar el cristianismo sino algo parecido a lo que sostenía Vitoria, esto es, que se les puede hacer guerra si se oponen a la predicación del cristianismo.

No es fácil saber cual fue el resultado de la Controversia porque no se emitió un dictamen final sino que cada juez debía enviar un informe individual al emperador Carlos V, pero pasó mucho tiempo hasta que esto se llevó a cabo y de los catorce miembros del tribunal sólo se ha conservado el voto de uno. "El único de esos dictámenes escritos que nos ha llegado es el del doctor Anaya, del Consejo real supremo, que se ha conservado en los archivos de Indias de Sevilla. En él se aprueban las conquistas en orden a la propagación de la fe y para poner fin a los pecados contra natura de los indios" 67. Según Dumont esta fue la tónica de los informes de los demás jueces. Para suplir esta falta de una resolución final en la Controversia se ha apelado a menudo a la diversa evolución de las obras posteriores de los dos contendientes. Las Casas publicó numerosas obras después de la polémica incluida su famosa Brevísima relación de la destrucción de las Indias donde criticaba duramente la conquista aunque lo hace sin el permiso de los Consejos reales. Las Casas habría conseguido que el Consejo de Indias le negara a Sepúlveda la licencia para imprimir su Demócrates Segundo . El Consejo de Indias solicitó el parecer de las Universidades de Salamanca y Alcalá que resultó negativo. Es aquí donde los amigos de Las Casas jugaron un papel importante, por ejemplo Melchor Cano colaboró en el parecer negativo de la Universidad de Salamanca dado en 1547. Sepúlveda por su parte trató de defender su Demócrates con una Apología editada en Roma pero que de nuevo fue prohibida en España gracias a las gestiones de Las Casas. El Demócrates alter no se imprimió hasta 1892 y Sepúlveda nunca consiguió licencia para imprimir sus obras. Pero la diversa evolución de sus obras nos ilustra más sobre el juicio posterior de la historia que sobre el resultado inmediato del debate, en el que Sepúlveda resultó ganador sobre todo si nos fijamos en la práctica posterior seguida por los monarcas españoles. En su argumentación Las Casas no estuvo afortunado por lo que, pese a tener razón en el fondo, acabó desde el punto de vista social perdiendo el debate. Jean Dumont afirma rotundo que "Sepúlveda venció holgadamente en la Controversia" 68. Sorprendió a los miembros del tribunal la justificación dada por Las Casas de los sacrificios humanos y de la antropofagia ritual como expresión de la religiosidad de los indios 69. También causaban sorpresa sus consideraciones de que la cultura de los indios era superior incluso a la griega y la romana 70. Para los partidarios de Sepúlveda las posturas radicales de Las Casas hubieran supuesto el abandono español de América por la imposibilidad práctica de llevar a cabo la colonización tal y como él pretendía. Por otra parte, aunque la conquista hubiera sido injusta, el abandono de los españoles no hubiera producido la libertad de los indios sino la entrada de otros países europeos como ingleses, holandeses y franceses menos preocupados con estos problemas de conciencia.

Así y todo no puede dudarse de que Las Casas defendió cuanto pudo los intereses de los indios y Sepúlveda, al parecer, los de los conquistadores. No sabemos si quedó resuelto el problema de conciencia del emperador pero todo hace pensar que la sociedad se tranquilizó al ver que el asunto era debatido en un ámbito tan privilegiado. El que una sociedad reflexione ante el tribunal público de la razón es un mérito en sí mismo. No nos ofrece la historia muchos ejemplos de emperadores que mandan detener las conquistas hasta que se examine la justicia de los métodos empleados en las mismas 71. Se trató de una discusión pacífica sobre cómo abordar el siempre complejo problema de las relaciones entre pueblos de diversos credos y culturas. El alcance práctico de la actividad lascasiana forma parte de los muchos debates centrados en torno a este autor. Es cierto que las conquistas no se interrumpieron pero las conquistas posteriores, incluida la de Filipinas en 1570, fueron menos agresivas y la ley de 1573 sobre nuevos descubrimientos recogió también el espíritu proindiano del Padre Las Casas.

   


3. El iusnaturalismo de Las Casas :

 
 


Es evidente que hay una idea clara que dota de coherencia a toda la vida de Las Casas, a saber, su defensa apasionada de los indios, pero los argumentos que aduce para esa defensa no están siempre plenamente coordinados. No estamos ante un teólogo salmantino, que elabora su doctrina desde la relativa calma de las aulas universitarias, sino ante un fiscal que denuncia atropellos y ante un abogado que incorpora en su defensa todos los argumentos que considera favorables para su causa.

Las Casas defiende siempre a los indios, pero ¿qué títulos invoca para ello? ¿Se trata de españoles, de leales súbditos de su majestad con el mismo estatus que los habitantes de Castilla? ¿Son seres inocentes, que deben ser tratados con la deferencia que merece quien no nos ha causado daño alguno? ¿Los ampara porque pertenecen al futuro redil de la Iglesia, porque son futuros cristianos a los que Cristo también redimió? ¿Los defiende porque pertenecen a un estamento concreto, a saber, el de los infieles, que como tal tiene sus derechos y deberes diferentes al de los judíos, musulmanes o herejes? ¿O simplemente porque son seres humanos con la misma libertad y respeto que merece todo ser humano? Lo cierto es que todos estos títulos aparecen de una u otra forma en su argumentación. Como dice Vidal Abril, Las Casas "amontona argumentos y autoridades sin preocuparse por incompatibilidades y posibles inconsistencias"; es un autor iusnaturalista pero su concepto de Derecho natural "tiende a concebirlo como un conjunto de valores, derechos humanos básicos y criterios de actuación que brotan indistintamente del hombre como persona, de las sociedades naturales básicas, de la Biblia y de los Santos Padres, de los documentos pontificios, del derecho canónico, de la teología, del derecho romano, de las costumbres e instituciones de cada pueblo" 72.

Por otra parte su extensa obra, él mismo afirma que escribió más de 2.000 pliegos, compleja por la yuxtaposición de argumentos, con numerosas referencias a autoridades sagradas y profanas, y sobre todo los múltiples matices que introduce en la reelaboración continua de sus escritos, favorecen las interpretaciones más diversas.

Veamos algunas de las contradicciones más comentadas en la acción y en las obras de Las Casas:

1ª Se le reprocha a las Casas que haya denunciado con tanto ahínco las encomiendas siendo él mismo un antiguo encomendero, conquistador y explotador de los indios que se caracterizó porque "comenzaba a tener fama de codicioso" 73. Claro que su crítica adquiere coherencia una vez que tras su primera conversión, en 1514, renuncia a los indios que tenía en su encomienda de la isla de Cuba. Sus descalificaciones globales a los encomenderos sorprenden por la descripción de su amigo Pedro de Rentería, con quien comparte su encomienda Las Casas, como si fuera un santo. Por otra parte desde 1516 hasta su vuelta definitiva a España en 1547 no dejó de participar en diversas iniciativas para llevar españoles a América. Realizó al menos tres proyectos de repoblación con españoles, de colonización pacífica mediante campesinos castellanos además de su ingente esfuerzo por enviar misioneros españoles para evangelizar a los indios. En un año tan tardío como 1559 todavía proponía a Felipe II una colonización con españoles siempre que fuera pacífica y se llevara a cabo sobre tierras que no estén pobladas por los indios 74. El resultado de estos proyectos de colonización pacífica fue desastroso, lo que sería aprovechado por sus enemigos para presentarle como un visionario, como un utópico sin sentido práctico. El fracaso de Cumaná (Venezuela) es precisamente lo que le había llevado a hacerse dominico en 1522. También el proyecto de evangelización pacífica, o sea sólo con religiosos, en Guatemala fracasará. Se trata de la colonización llamada Vera Paz que funcionó bien de 1540 a 1555 pero que ese año fue atacada y destruida por los indios lacandones 75.

2ª. Una segunda crítica tiene que ver con la comparación entre los métodos pacíficos de evangelización que preconiza para los indios y los que él mismo practicó cuando fue misionero y obispo en América. La teoría que expone Las Casas, en su obra De unico vocationis modo, no se compadece bien con algunas actuaciones concretas del propio Las Casas: "El, tan exigente siempre con todas las condiciones de una evangelización llena de mansedumbre y respeto, no tiene el menor escrúpulo en alabar y bendecir todo el aparato de la Inquisición, sobre la que removió todo lo indecible por establecerla en las Indias" 76. La aplicación de su Confesionario en la diócesis de Chiapas supuso que "muchos españoles estuvieron apartados del sacramento de la confesión por espacio de cinco o seis años" 77. Según Dumont cuando Las Casas ya era obispo de Chiapas obligó a sus indios a denunciar a quienes practicasen ceremonias y ritos paganos 78. Claro que no tiene mucho sentido exigir a las Casas un concepto de libertad religiosa que tardaría mucho tiempo en ser admitido por la Iglesia.

3ª. La principal crítica dirigida contra las Casas es haber dicho que para aliviar el trabajo de los indios americanos se podrían traer negros de África 79. Su propia conducta personal ahonda en esta contradicción. Mientras que renunció a los indios esclavos que le tocaron por su participación en la conquista no parece que renunciara al empleo de esclavos negros. "Él mismo se hizo conceder para su servicio cuatro esclavos negros al partir en 1544 para su diócesis india de Chiapa" 80. Los negros serían más resistentes y podrían aliviar el trabajo de los indios 81. No afirmaría que todo hombre es libre, sino que los indios son hombres y por lo tanto libres. Las Casas no niega la institución de la esclavitud como tal, -muy pocos lo hicieron en su tiempo- lo que rechaza de plano es que los indios sean esclavos. Algunos de los argumentos que Las Casas emplea en su defensa de los indios ponen en entredicho la justificación de otros. Así, por ejemplo, para defender que los indios no son bárbaros señala que éstos están en otra parte 82, que los verdaderos infra-hombres no son los indios, sino que viven en el horno ecuatorial "de donde vienen, dice, los negros ´feos´, ´bestiales´ y ´crueles´, como escribe en su Apologética historia " 83. Esta afirmación supondría que Las Casas consideraba a los negros como los auténticos "siervos por naturaleza" y que su defensa de los indios se limita a precisar que había habido una confusión en su identificación.

Es cierto que Las Casas propuso en sus memoriales de remedios que se llevaran esclavos negros a América para aliviar el trabajo de los indios y que fue ésta una de las medidas más prontamente realizadas por la Corona española. Pero como no podía ser de otro modo, también esta acusación de esclavista de negros ha sido cuestionada. Una defensa explícita de Las Casas sobre este punto es la de Isacio Pérez Fernández que ha publicado una parte de la Historia de las Indias con el sugerente título de Brevísima relación de la destrucción de África y donde relata la defensa de Las Casas de los guanches y de los negros contra su esclavización 84. Las Casas señala que una vez que cayó en la cuenta de cómo eran capturados "siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la misma razón es dellos que de los indios" 85. A partir de 1556 se podría hablar de una "tercera conversión" puesto que comienza las Casas a denunciar también la esclavización de los negros 86. Isacio Pérez piensa que Las Casas intercaló esta "Brevísima relación de la destrucción de África" en su Historia de las Indias precisamente a consecuencia de su cambio de opinión sobre la esclavitud de los negros buscando los orígenes de estos atropellos en las conquistas de los portugueses en África. Para Dumont el arrepentimiento de Las Casas llegó muy tarde, entre 1552 y 1559, cuando ya el daño estaba hecho 87. A la hora de enjuiciar a Las Casas por este dato conviene no olvidar que fueron los propios teóricos de la Revolución Francesa los que le tuvieron en cuenta cuando redactaron sus declaraciones de derechos. Según Silvio Zabala cuando Dantón interviene en los discursos de la Convención nacional francesa, que aprobará la abolición de la esclavitud el 4 de febrero de 1794, elogia la figura de Las Casas y le considera un precedente en la lucha contra la esclavitud 88.

Por otra parte cuando observamos la historia de los derechos humanos tenemos que ser conscientes de que la plasmación jurídica de los grandes principios de libertad e igualdad no se han realizado de una única vez sino muy poco a poco. Por ello, incluso en el supuesto de que el pensamiento de Las Casas sobre la libertad no sea plenamente coherente, y aunque nunca emplee la expresión de "derechos humanos", no por ello podemos olvidar el mérito indudable de su lucha concreta por la libertad de los indios.

4ª. - Pérez Luño muestra cómo Las Casas al defender un antipaternalismo radical incurre en la contradicción de pedir al monarca español que "intervenga" para proteger a los indios. Después de haber criticado, contra Sepúlveda, lo que llamaríamos ahora la "intervención bélica humanitaria", esto es, la intervención armada para defender a las víctimas inocentes de los sacrificios humanos, Las Casas reclama con insistencia la intervención de los monarcas españoles en América para proteger a los indios. "Las obras de Las Casas suponen una apelación constante a la Corona para que intervenga en las Indias y ponga remedio a los abusos que allí se cometen" 89. Así dice que el monarca español debe actuar contra los conquistadores y encomenderos para que pongan a los indios en su prístina libertad y deben hacerlo "por guerra y mano armada, si no pudiere por paz" 90.

La mayoría de las incoherencias doctrinales de Las Casas en su defensa de los indios se resuelven cuando se tiene en cuenta la evolución sufrida en su pensamiento. Las Casas escribió mucho pero fue madurando con el paso de los años. Una muestra clara de esa evolución es la valoración positiva que mantuvo sobre Aristóteles después de haber dicho, en su debate con el obispo Juan de Quevedo, que Aristóteles "era gentil y está ardiendo en los infiernos" 91. Así lo defiende Pérez Luño cuando sostiene que en el iusnaturalismo lascasiano conviven tres orientaciones diferentes y que, aunque nunca desaparecen por completo, se van sucediendo y va cambiando la primacía de cada una de ellas. Identifica así en Las Casas tres tipos de iusnaturalismo: un iusnaturalismo "teológico", "voluntarista" donde los mandatos de la ley natural han sido puestos por la voluntad de Dios, creador de la naturaleza 92. Un iusnaturalismo de corte estoico, cosmológico, que entiende la naturaleza humana como formando parte de la naturaleza física y que busca la ley natural en los instintos y en las necesidades naturales del hombre. Y por fin un iusnaturalismo donde la ley natural se deriva de la razón, y que entiende la naturaleza humana como definida por su esencia racional. Sólo en su madurez cabría adscribirle al iusnaturalismo tomista, más intelectualista.

1º. Su defensa inicial de los indios estaría más cerca de las posiciones agustinianas y voluntaristas. El iusnaturalismo "voluntarista" es el que emplearía Las Casas para justificar los sacrificios humanos entre los indios ya que ellos creían, con ignorancia no culpable, que de ese modo servían la voluntad de sus dioses. "La fase del iusnaturalismo voluntarista lascasiano que, en cierto modo, coincide con el inicio de su labor intelectual se hace patente cuando mantiene, como justificación fundamental de la presencia española en las Indias, las Bulas de concesión otorgadas a los Reyes Católicos por el Papa Alejandro VI en 1493" 93. En obras como Aquí se contienen treinta proposiciones muy jurídicas defiende que el Papa "tiene auctoridad y poder del mismo Jesucristo, Hijo de Dios, sobre todos los hombres del mundo, fieles o infieles" 94. Esta concepción iusnaturalista "voluntarista" está muy lejos de las tesis de Vitoria que había negado ese poder al Romano Pontífice y que el propio Las Casas posiblemente tras conocer mejor a Vitoria terminará por aceptar. En su Apología en 1552, y también en Sobre el título del dominio del rey de España sobre las personas y tierras de los indios de 1554, niega que el Papa tenga ese poder de confiar el dominio y por lo tanto no le pudo dar tal potestad sobre las Indias al monarca castellano.

2º. El segundo iusnaturalismo, de corte cosmológico, físico, "naturalista", nos presenta un Las Casas preocupado por la conservación de la naturaleza, de las lenguas y de las culturas, en un rasgo que le dota de sorprendente actualidad 95. Como consecuencia de ese iusnaturalismo cosmológico, físico, Las Casas concluye una serie de conexiones causales entre el clima, los aires, las aguas y alimentos y la forma natural de ser de cada pueblo. La naturaleza propia de cada pueblo parece ser consecuencia del clima, del entorno en el que vive, de los alimentos que consume y de los vientos que respira.

Los indios han sido privilegiados por el Creador respecto a su tierra que es para Las Casas la mejor del mundo. Los indios que viven en esas tierras tienen la mejor disposición natural. Son sobrios, castos, templados, mansos, ingeniosos y prudentes. Los indios son para Las Casas delicados de cuerpo. "Son así mesmo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión y que menos pueden sufrir trabajos, y que más fácilmente mueren de cualquier enfermedad" 96. Se trataba, obviamente, de hacer frente a la tesis de Sepúlveda de los esclavos por naturaleza que eran precisamente identificados por su fortaleza física. La descripción de los indios que hace Las Casas ha permitido que se le considere un precedente del "buen salvaje" de Rousseau 97. Esta exaltación de la "bondad natural" de los indios aparece sobre todo en su Apologética Historia 98. La propia desnudez de los indios era una muestra clara de su inocencia natural. Claro que esta defensa "naturalista" del indio va acompañada de consideraciones que resultan racistas para otros pueblos. Concretamente para quienes viven en las regiones septentrionales, como Polonia, Noruega o la mayoría de Alemania, cuyos habitantes "por la mayor parte han de ser hombres agrestes y sus entendimientos botos y tupidos y en las costumbres feroces y crueles" 99.

3º. El tercer iusnaturalismo, el aristotélico-tomista, el intelectualista 100, el racionalista 101, terminará siendo aceptado por Las Casas conforme arrecia su enfrentamiento con Ginés de Sepúlveda. Para Pérez Luño en los escritos de madurez de Las Casas se percibe "una inclinación paulatina hacia un iusnaturalismo racionalista" 102. El iusnaturalismo racionalista busca la ley natural en la razón humana. La naturaleza es aquí la esencia de una cosa y en el caso del hombre esa esencia es la razón, lo que le diferencia de los demás animales. Las leyes naturales se oponen así a la fuerza, al instinto, a la pasión, al capricho. Es en esa razón humana donde se fundamenta la libertad con carácter general para todos los hombres y así en su Apologética Historia y en la Historia de las Indias señalará, citando a Cicerón, que "todas las naciones del mundo son hombres, y de todos los hombres y de cada uno dellos es una no más la definición, y ésta es que son racionales" 103. Para Silvio Zabala, dejando aparte el problema de las denominaciones anacrónicas 104, estas afirmaciones convierten a Bartolomé de las Casas en un defensor no sólo de los derechos de los indios sino de los derechos humanos sin más 105.

El pensamiento de las Casas no se detuvo en el iusnaturalismo intelectualista de corte vitoriano sino que siguió modificándose conforme arreciaban las críticas de Sepúlveda. Según Vidal Abril hay una nueva "conversión intelectual", que se produce tras la segunda convocatoria de la Controversia de Valladolid, cuando trata de hacer frente a las "doce objeciones" en que Sepúlveda había condensado su oposición a Las Casas. Vidal Abril nos resume así la objeción de Sepúlveda: "¡Menudo defensor de los indios y de sus derechos eres tú! ¡Toda la vida has venido diciendo que los bárbaros eran enteramente libres para aceptar o no la fe y el sometimiento al Rey de España; y ahora nos sales con que, una vez convertidos a la fe, quedan automáticamente y enteramente sometidos al Papa y al rey de España precisamente por convertirse y bautizarse! ¡Totalmente libres mientras siguen siendo paganos; totalmente siervos y sometidos en cuanto se hagan cristianos!" 106. Según Vidal Abril, Las Casas asumió el reto y para resolver esa paradoja apostará decididamente por la libertad. La única forma de resolver la objeción era defender las libertades de los indios no sólo frente a los conquistadores y encomenderos, sino defender la libertad de los indios frente a la propia Corona e incluso frente a la Iglesia. El alejamiento de Vitoria era necesario porque en su título cuarto, de los considerados como legítimos, había señalado que una vez que los bárbaros se convierten al cristianismo el Papa podía con causa justa "tanto si lo pedían como si no" darlos un príncipe cristiano 107.

En esta nueva peripecia intelectual es el consentimiento de las comunidades indias el único título posible para la soberanía. Frente al ius communiationis vitoriano Las Casas reconocerá que son las propias comunidades indias las que pueden permitir o rechazar la estancia en sus territorios. "Y los reyes de los indios justamente les pudieran prohibir en ellos la entrada y estada y el sacar de ellas su oro y su plata ni cosa de provecho alguna, como el Rey de España prohíbe y debe prohibir, cuando le pareciere, sin dar cuenta a nadie, que no se saquen de sus reinos ni caballos, ni oro, ni plata, ni cosas semejantes para Francia, y el Rey de Francia lo mismo de los suyos no se saque nada para España" 108. Con esta nueva doctrina Las Casas se va distanciando de la Escuela vitoriana en que se había apoyado tantas veces. Los títulos legítimos ofrecidos por Vitoria le parecen asentados en datos falsos y los rechaza porque pueden justificar guerras preventivas contra los indios y censura la condescendencia de Vitoria para con el poder 109. Frente al derecho de comunicación vitoriano aparece lo que se conocerá como el concepto moderno de soberanía de una colectividad que permite, entre otras posibilidades, negarse a comerciar con quien no se quiere hacerlo. Las Casas comentando al historiador portugués Juan de Barros denuncia la instrucción real dada a Álvarez Cabral según la cual habían de establecer relaciones con los pueblos descubiertos "por manera que, a porradas habían de recebir la fe" y también "aunque no quisiesen, habían de usar el comercio y trocar sus cosas por las ajenas, si no tenían necesidad dellas" 110. Revelador en este sentido es el comentario que hace Isacio Pérez al reconocer que el primer título legítimo de Vitoria también se refería al comercio internacional por lo que la crítica alcanzaba asimismo a Vitoria. "Por ello, creo que el padre Las Casas se aprovecha de esta oportunidad que le brinda Juan de Barros para no criticar directamente a Vitoria. El comercio internacional está muy bien, viene a decir el padre Las Casas; pero ha de ser libre por ambas partes" 111.

Mientras que en la mayoría de sus obras Las Casas asociaba la subordinación a la soberanía política castellana con la aceptación del bautismo, en la Apología optará por la libertad de los indios de tal forma que al convertirse no queden obligados sin más a aceptar a los reyes de Castilla sino que puedan someterse "por su propia voluntad y no por violencia ni fuerza, y habiendo precedido tratado y conveniencia y asiento entre el Rey de Castilla y ellos, prometiendo el Rey de Castilla con juramento, la buena y útil a ellos superioridad y la guarda y conservación de su libertad, sus señoríos, dignidades, derechos y leyes razonables antiguas" 112. En este planteamiento la superioridad de los reyes de Castilla, y el pago de los tributos, quedaba supeditado al reconocimiento de su utilidad y conveniencia por parte de las comunidades indias 113. En algunos de estos últimos escritos Las Casas incrementa las censuras a los monarcas españoles 114, la preocupación por la salud de sus almas y las amenazas proféticas sobre el destino de España 115 como no se pusiera remedio a la destrucción de los indios. Se trata de un cambio importante, porque cuando denuncia los atropellos de los españoles en América, las Casas suele disculpar a los monarcas y centrar sus críticas en los conquistadores y encomenderos. Lo hace de manera expresa con la reina Isabel. "Porque la reina, que haya santa gloria, tenía grandísimo cuidado y admirable celo a la salvación y prosperidad de aquellas gentes, como sabemos los que lo vimos y palpamos con nuestros ojos y manos los ejemplos desto" 116. Al fin y al cabo sus gestiones ante los monarcas españoles van dirigidas a mejorar la situación de los indios y eso sólo los reyes podían llevarlo a cabo.

Así y todo, y para concluir, lo más significativo del pensamiento de Las Casas no son las variaciones internas de sus argumentos, sino la tenacidad en haber defendido a lo largo de su vida y de sus obras los intereses de los indios frente a una sociedad que le era en términos generales claramente hostil con riesgo incluso de su propia vida.

   


NOTAS

 
 


<= 01 Así califica al descubrimiento de América Francisco LÓPEZ DE GÓMARA en su Historia General de las Indias de 1552. Véase BAE, vol. 22, Madrid, Atlas, 1946, p. 156.

<= 02 Nos referimos al sentido de "minoría" tal como lo utiliza Javier de LUCAS, esto es, a aquellos grupos que se encuentran en una situación de dependencia, de marginación, de dominación, aunque numéricamente pueden ser mayoritarios. Véase Javier DE LUCAS, "Sobre algunas dificultades de la noción de derechos colectivos", en ANSUÁTEGUI ROIG, Francisco Javier (Ed.), Una discusión sobre derechos colectivos , Madrid, Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, Dykinson, 2001, pp. 157-166.

<= 03 Ramón MENÉNDEZ PIDAL en su obra El padre Las Casas. Su doble personalidad de 1963 defiende que Las Casas era un enfermo mental, un paranoico. Véase la réplica de Antonio LINARES MAZA, Bartolomé de Las Casas, un andaluz en el Nuevo Mundo. Desagravio psiquiátrico al primer anticolonialista, precursor de los derechos humanos , Málaga, Arguval, 1993.

<= 04 Atravesó el océano diez veces, la primera en 1502 y la última en 1547.

<= 05 Dice Noble David COOK: "Aunque la espada fue un arma importante en la destrucción de las unidades políticas de los indígenas y en la creación de los imperios coloniales, no constituyó el principal factor que hizo posible la victoria europea. Fue el cuarto jinete del Apocalipsis, cargado de gérmenes, virus y bacterias, quien mató a cientos, miles y millones de amerindios" ( La conquista biológica. Las enfermedades en el Nuevo Mundo, 1492-1650 , trad. de María Asunción Gómez, Madrid, Siglo XXI, 2005, p. 224).

<= 06 Se trata del famoso sermón de 21 de diciembre de 1511 donde se negaba la comunión a los españoles que no liberaran a los indios.

<= 07 Véase Pedro BORGES, Quién era Bartolomé de Las Casas , Madrid, Rialp, 1990, p. 271.

<= 08 Véase Isacio PÉREZ, Inventario documentado de los escritos de Fray Bartolomé de Las Casas , Bayamón, Cedoc, 1981.

<= 09 Las numerosas ediciones, sobre todo durante el siglo XVII, son una muestra clara de la utilización política que el texto permitía. La Brevísima Relación no es una obra histórica donde se pretenda exponer la verdad de todos los hechos acaecidos en la empresa americana sino una relación donde se denuncian los atropellos cometidos por los españoles. No se puede negar que en la Brevísima relación hay algunas exageraciones y que Las Casas, como dice André SAINT-LU en su "Introducción" a la obra, "no vaciló en redondear o ampliar las cifras" (LAS CASAS, Brevísima relación de la destruición de las Indias , edición de André Saint-Lu, Madrid, Cátedra, 1982, pp. 51-52).

<= 10 Vidal ABRIL CASTELLÓ, en el ´Estudio preliminar´ a su edición de la Apología (CASAS, Bartolomé de las, Apología o Declaración y defensa universal de los derechos del hombre y de los pueblos , Salamanca, Junta de Castilla y León, 2000, XLIX-LI) precisa que el texto latino de la misma estaría redactado entre 1552 y 1553 y que es diferente de la ´apología´ escrita que leyó en Valladolid, texto extenso del que saldrían dos obras: la Apologética Historia Sumaria , que inicialmente formaba parte de la Historia de las Indias, y la Apología editada por este estudioso.

<= 11 MELIDA Y GONZÁLEZ-MONTEAGUO, Mónico, El P. Bartolomé de las Casas y Valladolid , Valladolid, Casa-Museo de Colón, 1975, p. 10.

<= 12 LAS CASAS, Historia de las Indias , lib. III, cap. 38: "Et tu dubitas regem tuum esse in inferno?". Citamos por LAS CASAS, Obras Completas , estudio preliminar de Isacio Pérez Fernández, Madrid, Alianza, 1994, vol. 5, p. 1915.

<= 13 LAS CASAS, De regia potestate , edición de Jaime González Rodríguez, introducción de Antonio-Enrique Pérez Luño, en Obras Completas , Madrid, Alianza, 1990, vol. 12, pp. 36-37.

<= 14 LAS CASAS, Tratado comprobatorio , en Obras escogidas de fray Bartolomé de Las Casas , BAE, t. 110, edición a cargo de J. Pérez de Tudela, Madrid, Atlas, 1958, vol. V, p. 381.

<= 15 LAS CASAS, De regia potestate , vol. 12, p. 37.

<= 16 En la denuncia de Las Casas no se diferencia entre repartimientos y encomiendas. El repartimiento era un sistema de repoblación usado durante la Reconquista en el sur de España. "El repartimiento era una distribución ordenada de las casas y heredades de las poblaciones y tierras reconquistadas y que se hacía entre los que habían tomado parte en su conquista, según la condición social y los méritos respectivos de los conquistadores" (Luis G. DE VALDEAVELLANO, Curso de Historia de las instituciones españolas , Madrid, Revista de Occidente, 4ª ed., 1975, p. 242). Se oponía a otros sistemas anteriores como el de libre ocupación, usado en el valle del Duero, o la repoblación concejil del Tajo. La encomienda es también una institución medieval que consistía en una especie de contrato de protección. El encomendado cedía sus tierras a un señor a cambio de protección. El encomendero seguía trabajando esas tierras y cedía parte de sus beneficios a su protector a quien debía además de las rentas, servicios y obediencia. Las encomiendas no serían abolidas hasta el 23 de noviembre de 1718 por Felipe V. Véase Silvio ZABALA, La encomienda indiana , México, Editorial Porrúa, 1975.

<= 17 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre. La Controversia de Valladolid , trad. de María José Antón, Madrid, Ediciones Encuentro, 1997, p. 64.

<= 18 También es moderna su afirmación de que "el príncipe no tiene la jurisdicción como si fuera un patrimonio privado ni es dueño de ella ni de los demás bienes reales, sino que son de derecho público" (LAS CASAS, De regia potestate , vol. 12, p. 105.

<= 19 LAS CASAS, "Razones por las que no se debe dar los indios a los españoles en encomienda, 1542", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , selección e introducción de F. Fernández Buey, Madrid, Los Libros de la Catarata, 1999, p. 30.

<= 20 "El otro daño que dicen que reciben es que diz que después que los indios son doctrinados y cristianos hechos, se hacen bachilleres, y que saben más de lo que sabían, y que no se puede por esto dende en adelante tan bien como hasta allí servirse dellos" (LAS CASAS, "Razones por las que no se debe dar los indios a los españoles en encomienda, 1542", p. 32).

<= 21 LAS CASAS, "Memorial-Sumario a Felipe II, 1556", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 130.

<= 22 La controversia tiene dos sesiones, la primera empieza el 15 de agosto de 1550 y dura hasta septiembre de ese mismo año; la segunda se lleva a cabo en abril de 1551.

<= 22b La Junta de Valladolid estaba compuesta por catorce miembros, teólogos y juristas: 1) Melchor Cano; 2) Domingo de Soto; 3) Bartolomé Carranza, al que Las Casas siempre defendió y cuyo Catecismo sería finalmente condenado; 4) Bernardino de Arévalo; 5) Tomás de Mercado, del Consejo de Castilla; 6) Pedro de La Gasca, del Consejo de la Inquisición; 7) Juan de Pedraza, del Consejo de las Órdenes; 8) Gregorio López; 9) Gutierre Velásquez; 10) Jerónimo de Sandoval, catedrático de la Universidad de Salamanca; 11) Hernán Pérez de la Fuente, del Consejo de Indias; 12) Pedro de Ribadeneyra, del Consejo de Indias; 13) Pedro Ponce de León, obispo de Ciudad Rodrigo; y 14) Anaya Maldonado, del Consejo Real.

<= 23 No puede pensarse que la voz de Bartolomé de las Casas es la única que se levantó a favor de los indios. Se pueden mencionar entre otros defensores a Pedro de Córdoba, Antonio Montesinos, Bernardino de Sahagún, Vasco de Quiroga, Jerónimo de Peñafiel, etc.

<= 24 Fray Matías de Paz fue catedrático de prima en la Universidad de Valladolid y autor de De dominio regum Hispaniae super Indos . Hay edición española Del dominio de los Reyes de España sobre los indios , México, FCE, 1954.

<= 25 Juan Ginés de Sepúlveda era un humanista prestigioso. Había estudiado Artes y Teología en la Universidad de Alcalá (1510-1515), doctorándose en el ilustre Colegio Español de Bolonia (1515-1523). Fue cronista oficial, confesor real, traductor de Aristóteles, historiador y jurista. Véase BENEYTO PÉREZ, Ginés de Sepúlveda, humanista y soldado , Madrid, 1944; Teodoro ANDRÉS MARCOS, Los imperialismo de J. G. de Sepúlveda en su Democrates Alter , Madrid, 1947; Ángel LOSADA, Juan Ginés de Sepúlveda a través de su ´epistolario´ y nuevos documentos , Madrid, Instituto de Derecho Internacional Francisco de Vitoria, reimpr., 1973; Francisco CASTILLA URBANO, Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) , Madrid, Ediciones del Orto, 2000.

<= 26 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre, p. 51.

<= 27 Véase Ángel LOSADA, "Hernán Cortés en la obra del cronista Sepúlveda", en Revista de Indias , núms. 31-32 (1950), pp. 127-169.

<= 28 GINÉS DE SEPÚLVEDA, Juan, Democrates segundo o De las justas causas de la guerra contra los indios , edición crítica de Ángel Losada, Madrid, CSIC, Instituto Francisco de Vitoria, 1984, p. 19.

<= 29 Se ha discutido hasta qué punto los textos de la Política de Aristóteles justificaban la inclusión de los bárbaros dentro de la esclavitud por naturaleza (1252 a, 1254 a, 1254 b, 1255 b y 1260 a) como habría sostenido Sepúlveda. Según Francisco FERNÁNDEZ BUEY, Aristóteles "no llega a decir abiertamente que todos los bárbaros son esclavos por naturaleza, pero cita las opiniones griegas que corrían en ese sentido sin expresar desaprobación" ( La barbarie. De ellos y de los nuestros , Barcelona, Paidós, 1ª edición, 1995, p. 35). Del mismo autor véase La gran transformación. Discurso del indio metropolitano , Barcelona, Destino, 1995.

<= 30 Las Casas, al igual que Sepúlveda y Vitoria, estaba de acuerdo en exigir para la guerra justa los requisitos de legítima autoridad, causa justa, recta intención y ejecución correcta.

<= 31 "Por tanto, la Iglesia no puede en absoluto castigar a los infieles por pecados contra la ley natural ni por otros" (CASAS, Bartolomé de las, Apología, edición dirigida por V. Abril, cap. XXIII, p. 158).

<= 32 Dice Las Casas que "allí el emperador, el soberano o el rey no tiene jurisdicción, sino que se considera como un particular cualquiera y todos sus actos carecen de validez jurídica" (LAS CASAS, Apología, cap. VI, p. 46).

<= 33 LAS CASAS, Apología, cap. VII, p. 57.

<= 34 La parábola de la cizaña está en Mateo, 13, 29.

<= 35 "Por tanto, los infieles que cometan un crimen de estas características, es decir, que maten niños para el sacrificio o se los coman, no siempre deben ser combatidos en guerra aunque corresponde a la Iglesia procurar un remedio que ponga fin ese mal, pero antes hay que considerarlo mucho para que al querer impedir la muerte de unos pocos inocentes causemos la de una incontable multitud de personas que tampoco lo merece, destruyamos reinos enteros, infectemos sus ánimos de odio hacia la religión cristiana de modo que nunca más quieran oír hablar del nombre de Cristo ni escuchar su doctrina" (LAS CASAS, Apología, cap. XXVIII bis, p. 188).

<= 36 Admite que la obligación de liberar a los inocentes recae sobre la Iglesia (no sobre el emperador) ya que el título que da es que son miembros potenciales de la Iglesia y por ello la intervención está condicionada a su posible conversión. "Aunque reconocemos que corresponde a la Iglesia impedir la muerte injusta de los inocentes, es preciso que lo haga con moderación, cuidando de que no se produzca un mal mayor para los demás pueblos que sea un impedimento para su salvación y quede sin fruto ni finalidad la pasión de Cristo" (LAS CASAS, Apología, cap. XXVIII, p. 183).

<= 37 LAS CASAS, Apología , Prefacio, p. 6.

<= 38 "Y verdaderamente no son ajenos a este grupo nuestros españoles: más aún, por las acciones de violencia descomunal que realizaron contra aquellas naciones, superaron a todos los demás bárbaros" (LAS CASAS, Apología, cap. I, p. 18).

<= 39 LAS CASAS, Apología, cap. II, p. 22.

<= 40 "De ellos habla el Filósofo y dice que son siervos por naturaleza, pues carecen de soberanía natural, no han constituido un estado, porque entre ellos no hay organización ninguna, son súbditos de nadie ni tienen soberano" (LAS CASAS, Apología, cap. II, p. 22).

<= 41 Insiste Las Casas que entre los indios "hay reinos esplendorosos, grandes muchedumbres de gentes en convivencia social y política, grandes ciudades, reyes, jueces, leyes, etc." (LAS CASAS, Apología, cap. IV, p. 31).

<= 42 "De lo cual se sigue necesariamente ser imposible de toda imposibilidad que una nación toda sea inhábil o tan de poco y barbarísimo juicio y de baja y apocada razón que no se sepa gobernar" (LAS CASAS, Bartolomé de, Apologética Historia , en BAE, t. 105, Obras escogidas de Fray Bartolomé de Las Casas , ed. de Juan Pérez de Tudela, Madrid, 1958, vol. III, p. 167).

<= 43 LAS CASAS, Apología, cap. III, p. 29.

<= 44 LAS CASAS, Apología, cap. LX, pp. 355-356.

<= 45 LAS CASAS, Bartolomé de, De unico vocationis modo omnium gentium ad veram religionem , en Obras Completas de Bartolomé de Las Casas , edición de Paulino Castañeda Delgado y Antonio García del Moral, Madrid, Alianza, 1990, vol. 2, p. 29.

<= 46 LAS CASAS, Apología, cap. XXVI, p. 172.

<= 47 LAS CASAS, Apología, cap. XXV, p. 168.

<= 48 "Los indios no tienen ese tipo de barbarie, ni son necios, ni estúpidos, sino dóciles y muy ingeniosos para todas las artes liberales, y tienen una gran inclinación a recibir, venerar y observar la religión cristiana y a corregir sus pecados, según enseña la experiencia" (LAS CASAS, Apología, cap. IV, p. 33).

<= 49 "En cambio si tanto los soberanos como el pueblo entero precisamente por amor y devoción a su religión no quieren oír ni admitir a los predicadores cristianos entonces no se les puede obligar a admitirlos por la fuerza de las armas en ningún modo" (LAS CASAS, Apología, cap. XXV, p. 169).

<= 50 LAS CASAS, Apología, cap. XXV, p. 169.

<= 51 Véase Bartolomé de las CASAS, Apología, cap. XXVI, p. 176).

<= 52 PÉREZ LUÑO, Antonio Enrique, La polémica sobre el Nuevo Mundo. Los clásicos españoles de la Filosofía del Derecho , Madrid, Trotta, 1992, p. 166.

<= 53 LAS CASAS, Apología, cap. XII, p. 95.

<= 54 LAS CASAS, "Representación al Emperador Carlos V (1542)", en BAE, t. 110, Obras escogidas de fray Bartolomé de Las Casas , Madrid, 1958, vol. V, p. 124.

<= 55 "Ningún juez juzga fuera de sus límites: ni el rey de Francia hace justicia en España ni el rey español da leyes a los franceses, ni, por su parte, el emperador mismo puede hacer uso de su autoridad imperial fuera de los límites del imperio" (LAS CASAS, Apología, cap. IX, p. 78).

<= 56 LAS CASAS, Apología, cap. XXI, p. 149.

<= 57 Entre otras razones porque "Cristo no concedió a la Iglesia o a su Vicario absolutamente y sin limitación todo el poder que Él tiene en el cielo y en la tierra" (LAS CASAS, Apología, cap. VI, p. 51).

<= 58 Las Partidas permitían la apropiación de los territorios despoblados al primer ocupante (Ley XIX, título XXVIII, 3).

<= 59 "Aquel dezimos ser rey a quien la suprema potestad y jurisdicción del govierno por el pueblo o comunidad o reyno es cometida" (LAS CASAS, Bartolomé de, Tratado de las doce dudas , edición de J. B. Lassegue, estudio preliminar de J. Denglos, Madrid, Alianza, 1992, vol. 11.2, p. 39).

<= 60 Marcos , 16, 15.

<= 61 "La verdad es que el Papa concedió a los Reyes de Castilla el dominio sobre los soberanos indios que se hubieran convertido a la fe y el derecho de tenerlos bajo su tutela y jurisdicción, como si fueran súbditos suyos" (LAS CASAS, Apología, cap. LIX, p. 351).

<= 62 LAS CASAS, Apología, cap. LX, p. 354.

<= 63 LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 91.

<= 64 Véase Pedro BORGES, Quien era Bartolomé de Las Casas , Madrid, Rialp, 1990, p. 269.

<= 65 LAS CASAS, Apología, cap. LXIII, p. 362.

<= 66 Las Casas denuncia a Oviedo como "un tirano cruel que disponía de los pobres indios reducidos a esclavitud como si fueran ganado" (LAS CASAS, Apología, cap. IV, p. 35)

<= 67 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre , p. 224.

<= 68 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre, p.212.

<= 69 "Pues se sabe que la evidencia o incluso la probabilidad de que el sacrificio humano es, al menos contrario a la razón, no puede darse a conocer fácilmente a los infieles, y éstos tienen la idea de que deben a Dios su ser y todo lo suyo, y creen que los ídolos que adoran son el verdadero Dios" (LAS CASAS, Apología, cap. XXXVII, p. 245).

<= 70 Véase Bartolomé de las CASAS, Apología, cap. IV, p. 32).

<= 71 Carlos V el 16 de abril de 1550 mandó suspender toda conquista en el Nuevo Mundo hasta el fin de la Junta de Valladolid.

<= 72 ABRIL CASTELLÓ, Vidal, "¿Las Casas, comunero? El Sacro Imperio Hispánico y las comunidades indoamericanas de base", en Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad complutense de Madrid , 17 (1973), p. 517.

<= 73 BORGES, Pedro, Quien era Bartolomé de las Casas , p. 50.

<= 74 Aparte de que el propio Bartolomé de las Casas organizó algunas colonizaciones pacíficas de españoles, en un año tan tardío como 1559 todavía aconseja a Felipe II que pueble la isla Española: "El remedio della y todo lo dicho es poblalla de gente labradora y llana, que en estos reinos sobra. Y esto digo que se hará con que no gaste Vuestra Majestad quince o veinte mil ducados cada año y no más de por diez años, y hará en ello Vuestra Majestad un gran reino mayor que el de España, que en pensallo tiemble el rey de Francia" (LAS CASAS, "Carta al rey a favor de la isla Española", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 144). Creemos que la "gente labradora y llana, que en estos reinos sobra" son españoles pues a su juicio las Indias están ya despobladas.

<= 75 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre , p. 203.

<= 76 OSUNA FERNÁNDEZ-LARGO, Antonio, "Bartolomé de Las Casas en el V Centenario. Revisión de su figura y de su doctrina moral", en Ciencia Tomista , tomo 119, núm. 389 (1992), p. 490, nota. 69.

<= 77 RAMOS, Demetrio, "La etapa lascasiana de la presión de conciencias", en Anuario de Estudios Americanos , 24 (1967), p. 889.

<= 78 Véase Jean DUMONT, El amanecer de los derechos del hombre, p. 184.

<= 79 Esta afirmación la hace Las Casas por ejemplo en su Memorial de remedios para las Indias de 1518. BAE, t. 110, Obras escogidas de fray Bartolomé de Las Casas , Madrid, 1958, vol. V, p. 34.

<= 80 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre , p. 92.

<= 81 En contra de esta interpretación se ha señalado que los esclavos negros no sustituyen a los indios sino que les suceden. Se llevan esclavos negros donde ya no hay mano de obra india.

<= 82 "Los pueblos que Tolomeo dice que son semejantes a las fieras, viven en Mauritania en África." (LAS CASAS, Apología, cap. LVI, p. 341).

<= 83 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre , p. 176.

<= 84 Véase Isacio PÉREZ FERNÁNDEZ, "Estudio preliminar" a BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima relación de la destrucción de África. Preludio de la destrucción de Indias, Primera defensa de los guanches y negros contra su esclavización, Salamanca, San Esteban , 1989.

<= 85 LAS CASAS, Historia de las Indias , lib. III, cap. 102. Citamos por Obras completas , Madrid, Alianza, 1994, vol. 5, p. 2191.

<= 86 Isacio PÉREZ FERNÁNDEZ, "Estudio preliminar" a BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Brevísima relación de la destrucción de África, p. 121.

<= 87 DUMONT, Jean, El amanecer de los derechos del hombre, p. 120.

<= 88 Véase Mauricio BEUCHOT, Los fundamentos de los derechos humanos en Bartolomé de Las Casas, proemio de Silvio Zabala, Barcelona, Anthropos, 1994, p. 11.

<= 89 PÉREZ LUÑO, Antonio Enrique, "Intervenciones por razones de humanidad. Una aproximación desde los clásicos españoles de la filosofía del derecho", en Revista de Occidente , 236-237, enero (2001), p. 79-80.

<= 90 LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 91.

<= 91 Historia de las Indias , lib. III, cap. 149. En Obras completas , Madrid, Alianza, vol. 5, p. 2413.

<= 92 Por iusnaturalismo voluntarista hay que entender la tradición frecuente en la Escolástica bajo-medieval que identifica lo justo con la voluntad divina, voluntad que se reflejaba tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Había así que coordinar las extrañas instituciones veterotestamentarias como los sacrificios humanos o la muerte de los vencidos en la guerra, a veces niños incluidos, con el amor al prójimo del Nuevo Testamento. En Las Casas esta argumentación aparece a menudo. Este iusnaturalismo voluntarista que identifica el derecho natural con las Sagradas Escrituras supone que nada es pecado si no está prohibido por Dios. Vázquez de Menchaca (1512-1569) es un buen representante del iusnaturalismo voluntarista español al considerar que el fundamento último del Derecho natural es la voluntad de Dios.

<= 93 PÉREZ LUÑO, Antonio Enrique, La polémica sobre el Nuevo Mundo , p. 149.

<= 94 BAE, t. 110, Obras escogidas de fray Bartolomé de Las Casas , ed. de J. Pérez de Tudela, 1958, vol. V, p. 250.

<= 95 Por eso se le ha considerado a Las Casas como un precedente de la moderna Etnología Comparada. Véase Anthony PAGDEN, La caída del hombre. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa , versión española de Belén Urrutia Domínguez, Madrid, Alianza, 1988.

<= 96 LAS CASAS, Bartolomé, Brevísima relación de la destruición de las Indias , edición de André Saint-Lu, Madrid, Cátedra, 1982, p. 72.

<= 97 Véase José Antonio MARAVALL, "Utopía y primitivismo en el pensamiento de Las Casas", en Utopía y reformismo en la España de los Austrias , Madrid, Siglo XXI, 1982. Y en José Luis ABELLÁN, "Los orígenes españoles del mito del ´buen salvaje´. Fray Bartolomé de Las Casas y su Antropología Utópica", en Historia crítica del pensamiento español. 2. La edad de oro (Siglo XVI), Madrid, Espasa-Calpe, 1979.

<= 98 Dice Las Casas en la Apologética Historia , cap. XXXIV, que los indios tienen los miembros tan proporcionados "que no parece sino que todos son hijos de príncipes, nacidos y criados en regalos" (LAS CASAS, Bartolomé, Obras escogidas de Fray Bartolomé de Las Casas , ed. de Juan Pérez de Tudela, Madrid, 1958, vol. III, p. 113).

<= 99 LAS CASAS, Apologética Historia , cap. XXIX, en Obras escogidas de Fray Bartolomé de Las Casas , ed. de Juan Pérez de Tudela, vol. III, p. 94. .

<= 100 Para este iusnaturalismo el Derecho natural viene constituido por los principios de justicia que la razón práctica es capaz de encontrar en la naturaleza humana, principios anteriores y superiores a la ley positiva y que son necesarios para la organización justa de la sociedad. Así la ley es definida por Santo Tomás como ordenación de la razón, dirigida al bien común y no como mero precepto voluntarista del legislador. Las acciones establecidas por el Derecho natural están preceptuadas porque son buenas y prohibidas porque son malas. Un representante español de este iusnaturalismo sería Gabriel Vázquez (1551-1604) para quien lo injusto es en sí mismo malo.

<= 101 Pérez Luño se refiere a este tercer iusnaturalismo como iusnaturalismo "racionalista". Se trata de una de las dos grandes orientaciones del iusnaturalismo cristiano medieval, concretamente del iusnaturalismo que trae su origen en Aristóteles y que será cristianizado por Santo Tomás y desarrollado por Francisco de Vitoria. Es diferente del iusnaturalismo racionalista moderno o secular aunque sólo sea porque éste se basa en un planteamiento individualista. Para Hobbes o Locke son los individuos concretos, como seres dotados de libertad, los que pueden unir esas libertades y crear el poder civil.

<= 102 PÉREZ LUÑO, Antonio Enrique, La polémica sobre el Nuevo Mundo. p. 157.

<= 103 LAS CASAS, Apologética Historia , cap. XLVIII, en Obras escogidas de fray Bartolomé de Las Casas , ed. de J. Pérez de Tudela, Madrid, 1958, vol. III, pp. 165-166.

<= 104 Véase Milagros OTERO PARGA, "Reflexiones en torno a los derechos humanos en el siglo de oro español", en ZAPATERO, Virgilio (Ed.), Horizontes de la Filosofía del Derecho. Homenaje a Luis García San Miguel , Madrid, Universidad de Alcalá, 2002, tomo 1, pp. 599-614, donde se ocupa de la conocida tesis de Gregorio Peces-Barba de que en rigor no cabe hablar de derechos fundamentales hasta la modernidad.

<= 105 Véase Silvio ZABALA, La defensa de los derechos del hombre en América Latina, siglos XVI-XVIII , México, UNAM, 1982.

<= 106 ABRIL CASTELLÓ, Vidal, "Bartolomé de Las Casas y la escuela de Salamanca en la historia de los derechos humanos. La Apología" en CASAS, Bartolomé de las, Apología o Declaración y defensa universal de los derechos del hombre y de los pueblos , edición dirigida por Vidal Abril Castelló, Salamanca, Junta de Castilla y León, 2000, XXXVI.

<= 107 Francisco de VITORIA , Relectio de indis , Madrid, CSIC, 1989, cuarto título legítimo.

<= 108 LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 101.

<= 109 LAS CASAS, Apología , cap. LVI, p. 343.

<= 110 LAS CASAS, Historia de las Indias , lib. I, cap. 173. En Obras completas , estudio preliminar de Isacio Pérez Fernández, Madrid, Alianza, 1994, vol. 4, p. 1228.

<= 111 PÉREZ FERNÁNDEZ, Isacio, nota 12 al cap. 173 de la Historia de las Indias , lib. I, en LAS CASAS, Obras completas , Madrid, Alianza, 1994, vol. 4, p. 1658.

<= 112 LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 107.

<= 113 "No serán obligados a pagar quintos o derechos a los Reyes de Castilla, si los reyes y los pueblos de las Indias no consintieren expresamente de su propia voluntad, en abdicar de sí y ceder todo el derecho que ellos tenían y se obligasen a pagar los dichos quintos a los Reyes de Castilla" (LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 108).

<= 114 "Hace sesenta años y uno más que se roba, tiraniza y asuela a aquellas inocentes gentes, y cuarenta que reina el Emperador de Castilla, y nunca las ha remediado sino a remiendos, después de que yo vine a desencantar lo que tenían los tiranos, que acá estaban, por sus propios intereses encantado" (LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p.83).

<= 115 A propósito de las encomiendas perpetuas dice Las Casas, "como lo estoy también de que Dios, en tanto que verdadera justicia y no menos infalible, ha de quitar las Indias a los Reyes de Castilla si aquello se determina por lo que pretenden los infelices que tal le aconsejan" (LAS CASAS, "Carta al maestro fray Bartolomé Carranza de Miranda, 1555", en LAS CASAS, Cristianismo y defensa del indio americano , p. 83).

<= 116 LAS CASAS, Bartolomé, Brevísima relación de la destruición de las Indias , p. 85.